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sábado, 7 de mayo de 2011

"Judas", lo nuevo de Lady Gaga

Triunfadora allá donde va, y donde no va. Cada single que estrena se convierte en una bomba mundial, y no es para menos, pues se ha convertido con el paso del tiempo en la reina de la controversia.
Ahora le ha tocado el turno a Judas, un tema en el que tanto la letra como el videoclip están dando mucho de qué hablar, y eso que lleva poco más de dos día subido a Internet.
La publicación de Judas estaba prevista para la semana pasada, pero los conflictos en Oriente Próximo hicieron recapacitar a Lady Gaga, que decidió posponerla por si generaba más problemas todavía.
Así, comenzó a promocionar Marry the Night con una foto medio desnuda apoyada en un coche macarra, pero ya se ha enfriado algo la situación y ha querido volver pisando fuerte con este single.
Judas está siendo objeto de críticas por varios motivos, pero la blasfemia es el principal eje del recelo. No olvidemos que la artista, cuyo nombre real es Stefani Germanotta, es religiosa, como bien se pudo ver en el documental de la HBO en el que abría su corazón a sus fans, y rezaba por todos ellos y por poder seguir ofreciendo espectáculos de calidad.
Pero es cierto que la polémica viene de la mano de este vídeo, pues la letra se basa en que está enamorada de Judas, un hombre que en realidad es dañino para ella, pero lo quiere. Y el videoclip, en el que se disfraza de una María Magdalena muy ligerita de ropa en el que se representan escenas bíblicas llevadas a un Jerusalén algo surrealista. La cantante se deja ver en el vídeo con muchas joyas, maquillaje en exceso y coreografías bastante logradas, marca de la casa Gaga. Pero lo impactante es que monta en moto con el que interpreta a Jesús (Norman Reedus, de The Walking Dead), ataviado con una corona de espinas, y acompañados de los apóstoles, convertidos en moteros.
Son cinco minutos y medio en los que la directora, Laurieann Gibson, ha dado lo mejor de sí misma.


UN APUNTE DE ÚLTIMA HORA:  

Severiano Ballesteros perdió su lucha contra el cáncer
Estaba frente al partido más difícil de su vida, pero, a diferencia de lo que fue habitual a lo largo de sus primeros 51 años, en esta ocasión no lo pudo ganar. Dos tumores cerebrales acabaron con la vida de Severiano Ballesteros y se llevaron por delante a uno de los mayores genios del deporte mundial y todo un icono para los golfistas.

viernes, 6 de mayo de 2011

Una oportunidad para Bildu

Bildu es la noticia el día en que el Tribunal Constitucional decidió si la formación ‘abertzale’ estaba o no en las urnas el próximo día 22, y la prensa colorada estaba dividida entre los partidarios de incluir a la coalición en las listas y los que lo deseaban ardientemente.
La campaña electoral, que ya ha iniciado su andadura de manera oficial, sigue sin ocuparse de los problemas cotidianos de los españoles. Desde hace tiempo Eusko Alkartasuna realizó una propuesta pública al radicalismo abertzale para que se integrara en el ámbito democrático. Hasta ahora, ha sido ETA la que ha estado en los debates políticos y esa coalición, Bildu, que se ha beneficiado gratuitamente, gracias a la torpeza de instituciones, partidos políticos y medios de comunicación, de una publicidad que, en términos comerciales, les hubiese costado muchos millones de euros.
Escuchando esta mañana ciertos comentarios en las radios y televisiones, leyendo algunas columnas y editoriales, da la sensación de que la campaña para las elecciones locales y autonómicas queda en un segundo lugar: la "legalización in extremis" de Bildu por el Tribunal Constitucional, contrariando así al Supremo, se llevaba, como es lógico, todos los titulares.
Al margen de la mayor o menor justificación que el TC haya encontrado para esa mínima victoria de quienes pensaban que Bildu debe estar en las elecciones del próximo día 22, esta cuestión no debe emplearse electoralmente: culpar al Gobierno, por su debilidad y ambigüedad, de lo ocurrido sería tan injusto como echarle la culpa a la oposición por su actitud cerrada.
La verdad es que de este TC tenemos la culpa todos: el PSOE y el PP, que lo manipularon, los medios de comunicación, que en algún momento miraron hacia otro lado o hicieron la vista gorda a lo que los partidos decían, algunos presidentes autonómicos, que pretendieron anularlo... Y, claro, los propios magistrados del TC, que, en lugar de dimitir cuando su mandato vencía sin posible acuerdo para ser sustituídos, han seguido sentados cómodamente en el rentable sillón.
El resultado ha sido este Tribunal Constitucional, desprestigiado y escasamente operativo. Pero, con todo, es el TC que tenemos, un pilar de nuestro sistema democrático, y por ello hay, tragando sapos, que respetarlo. Asusta escuchar algunos comentarios que lo quieren directamente subordinado al Ejecutivo de turno -al de Zapatero- Rubalcaba en este caso. Alarma ver con qué facilidad se sugiere que los magistrados del alto Tribunal están al borde de la prevaricación. Preocupa comprobar cómo aquí nadie cree que nuestra democracia se asiente en los principios de separación de poderes diseñados por Montesquieu.
En estas condiciones, se inicia una campaña electoral en la que los mítines, terreno propicio para la sal gorda y el despropósito con tribuna, cámaras y micrófonos, amenazan con ser el marco de improperios contra el adversario e irán mucho más allá de lo que a una razonable convivencia en democracia convendría.
Bildu, irremisiblemente, va a estar en las urnas. Ahora, con la polémica entre los demócratas, no le demos más votos. Y tomemos nota de las reformas legales que hay que introducir en nuestro entramado legal para que la Justicia no sea nunca más piedra de escándalo para los españoles ni motivo de burla para quienes aborrecen el sistema.
 

miércoles, 4 de mayo de 2011

El silencio solo estimula al verdugo

La violencia de género es la mayor causa de lesiones a las mujeres por encima de las violaciones callejeras, los asaltos o, incluso, los accidentes de tráfico. Cada quince minutos una mujer es maltratada en el mundo, un problema grave que hace que cada día se pongan en peligro las vidas de muchas de ellas.
El maltrato no es más que un tipo de violencia gratuita por el simple hecho de pertenecer al sexo femenino. Entendemos que el sexo de una persona lo determina la naturaleza pero el género lo elabora la sociedad, es la definición de hombre y mujer definida psicosocialmente. Esto marca la desigualdad latente desde siglos atrás entre ambos sexos.
“Cuando trates con una mujer no olvides el látigo” de Nietzsche, parece un leiv motiv para muchos hombres todavía, a pesar de la repercusión que está alcanzando este delito en los medios en la actualidad. En buena medida gracias a los medios de comunicación el problema ha tomado un carácter global y se ha reconvertido en uno de los mayores problemas de nuestra sociedad. Hoy en día se dispone de medidas de todo tipo aunque muchas veces, desgraciadamente, no son trabas para los agresores.
No quiero ni imaginar cómo sería la vida de una mujer maltratada hace 20 años, sin apoyo inconstitucional, con el permiso social… Una historia vivida por una Carmen en los 50, o por una María en los 60 o por una Dolores en los 70.
Dolores fue una de las pioneras en sufrir malos tratos por parte de su pareja. Toda su vida había soñado con casarse, formar una familia y emprender una vida en común con su novio de “ocho meses menos cuatro días”. Era su primera pareja y se sentía muy afortunada.
Tal y como estaba entonces España, él decidió irse a Venezuela, y ella lo siguió a los cinco meses. Allí pasaron 22 años muy felices en los que las cosas les iban bien con sus dos hijas, así que decidieron probar suerte con un negocio.
En Venezuela eran muy habituales las “cafetinas”, una especie de restaurantes-bar con el aliciente de mujeres, así que un amigo de él les propuso ser socios. El negocio despuntaba y el dinero entraba en casa sin problemas.
Dolores trabajaba en casa y fuera de ella (fue una de las más importantes distribuidoras en Latinoamérica), siempre se consideró muy trabajadora y buena persona con todo el mundo, por tanto confiaba en recibir lo mismo. Un día cualquiera notó un cambio en la actitud de su marido.
Ella siempre había sido muy atenta con él y no entendía por qué le negaba sus caricias. El tiempo pasaba y ella veía progresivamente malos modos, caras largas e indiferencia… ya no sabía cómo mostrarle que estaba ahí.
Durante un tiempo calló e intentó negarse la situación continuando con su vida cotidiana, su trabajo y la dedicación a sus hijas. Sin embargo, una tormenta se acercaba para revolver todo lo que tanto le había costado conseguir. Su marido se volvía más y más violento tanto en la forma de hablar como en su comportamiento hacia su familia.
Dolores se refugiaba en un matrimonio amigo. A ellos les comentaba su situación para desahogarse. Isabel, una de sus mejores amigas, fue de las primeras que le intentó abrir los ojos. “Esas mujeres ya sabes como son, dicen hasta que les echan algo en la bebida. Son medio brujas”, la consolaba. Para entonces los episodios violentos se habían multiplicado.
Su marido llegaba muy tarde de cerrar la “cafetina”, trabajaba hasta bien entrada la madrugada y regresaba a casa como cualquier otro día. Nieves dormía plácidamente en cama, había acostado a su hija y descansaba de una dura jornada. Lo escuchó llegar y en parte se sintió aliviada de tenerlo en casa de nuevo con ella. Era su mujer y creía que él era bueno a pesar de todo lo que le estaba sucediendo. Hasta que se encontró con el suelo en la cara. Sin mediar ni un “buenas noches” la empujó fuera de la cama con todas sus fuerzas.
A ella lo único que le importó fue que su hija no escuchase nada. Se metió en cama a llorar en silencio entre las sabanas.
Casi cada día tomaba fuerzas de donde fuese. No daba nada por perdido y quería que todo volviera a ser como antes. Lo llamaba para pasear con sus hijas pero él siempre tenía cosas en la oficina o encargos importantes.
Dolores también trabajaba en el bar para ayudarles cuando podía, aún a riesgo de llevarse para casa un par de golpes en la cabeza con alguna taza “voladora”. Precisamente fue allí donde tuvo la confirmación de los que ya sus amigos le habían insinuado. Desde el almacén, entre cajas de botellas y vasos, quiso comprobar si el comportamiento de su marido cambiaba con los clientes o los trabajadores. Se subió tambaleante entre unos trastos y miró por la cristalera que dejaba pasar la luz. Su marido estaba en la barra con una de las muchachas bebiendo de la misma copa y de la mano. “Lo único que pude hacer fue irme para cama a morirme a llorar”, afirma ella.
Nunca lo denunció y tampoco sabía de más casos que el suyo. “Hoy en día sí lo haría, antes estaba tonta”, añade.
Tras año y medio de malos tratos físicos y, sobre todo, psicológicos, decidió que no podía soportar más en aquella situación. He aquí por qué fue pionera.
“Le dije todo y me fui al abogado para separarme”, cuenta, “que Dios me acompañe pero me voy. Mi hija sí que sufría, así que me fui… era el año 72”.
Desde luego que las cosas han cambiado mucho. Ahora tenemos una ley estatal y hasta una autonómica más reciente. Sin embargo, seguimos viendo más y más casos cada día en los medios de comunicación sobre la violencia de género que acaban en muerte para sus protagonistas. Teléfono de la mujer: 900.333.888

Todas las fotografías utilizadas en el reportaje pertenecen a la campaña contra la violencia de género Tolerancia Cero, que llevó a cabo el Ministerio de Igualdad. 

martes, 3 de mayo de 2011

Las siete vidas de Bin Laden

Foto trucada sobre la muerte de Osama Bin Laden
Si Osama Bin Laden tuviera siete vidas, como los gatos, aún le quedarían un par de ellas.
Dado por muerto por primera vez durante los bombardeos estadounidenses que pulverizaron las montañas de Tora Bora, su presunto óbito, siempre más deseado que real, se ha publicitado en varias ocasiones: por cáncer de riñón, de tifus, asesinado por alguno de sus lugartenientes... Hasta la infortunada Benazir Butto aseguró saber de buena tinta que el místico asesino y multimillonario había pasado a mejor vida, aunque, de haber sido así, la mejor vida, o la vida a secas, habría sido para muchas de sus víctimas, no señaladas ya por el dedo fulminante del iluminado.
En todo caso, muy muerto no debía estar cuando los telediarios de ayer sorprendieron con la noticia de su enésima muerte, aunque con una foto trucada de su cadáver.
Barak Obama anuncia la muerte de Bin Laden
Barak Obama, aludiendo al «quirúrgico» operativo del comando que presuntamente ha acabado con la vida del saudí, ha dicho que al fin «se ha hecho justicia». Se trata, desde luego, de unas palabras para consumo interno, muy interno, pues dejando a un lado que la justicia no se imparte a tiros, con ellas se pretende justificar las guerras de invasión cuyo móvil se dijo que era la caza de ese hombre, y, paralelamente, cerrar el círculo de la venganza por los salvajes atentados del 11-S y sus heridas.
Miles de personas celebran la muerte de Bin Laden

Sin embargo, mejor para todos habría sido su captura vivo a fin de ser juzgado por una corte internacional y  recibir la condena que merecieran sus crímenes monstruosos. Además habría proporcionado valiosísima información para esclarecer atentados del pasado y prevenir futuros.
Osama Bin Laden, el mal, ha muerto. Pero el mal en todas y cada una de sus formas sigue aquí, instalado en el mundo.
Otra cosa no habrá entre el elemento humano, pero competencia para hacer insufrible la vida del prójimo, y la del prójimo inocente sobre todo, no falta. Lo que sí falta es ver el cadáver, no el falso cadáver que se ha presentado, sino el verdadero de Bin Laden, para cerrar el círculo de las siete vidas del desdichado personaje.

jueves, 28 de abril de 2011

El nacimiento de una creencia dañina



Un grupo de científicos colocó cinco monos en una jaula, en cuyo centro colocaron una escalera y sobre ella, un montón de bananas.
Cuando un mono subía la escalera para agarrar las bananas, los científicos lanzaban un chorro de agua fría sobre los que quedaban en el suelo.
Después de algún tiempo, cuando un mono iba a subir la escalera, los otros lo golpeaban.
Pasado algún tiempo, ningún mono subía la escalera, a pesar de la tentación de las bananas.
Entonces, los científicos sustituyeron uno de los monos. La primera cosa que hizo fue subir la escalera, siendo rápidamente bajado por los otros, quienes le dieron una tremenda paliza.
Después de algunas palizas, el nuevo integrante del grupo ya no subió más la escalera, aunque nunca supo el porqué de tales palizas.
Un segundo mono fue sustituido y ocurrió lo mismo.
El primer sustituto participó con entusiasmo en la paliza al novato. Un tercero fue cambiado, y se repitió el hecho, lo volvieron a golpear. El cuarto y, finalmente, el quinto de los veteranos fue sustituido.
Los científicos quedaron, entonces, con un grupo de cinco monos que, aún cuando nunca recibieron un baño de agua fría, continuaban golpeando a aquel que intentaba llegar a las bananas.
Si fuese posible preguntar a alguno de ellos porqué pegaban a quien intentaban subir la escalera, con certeza la respuesta sería:
“No sé, aquí las cosas siempre se han hecho así.”
¿Te suena conocido?
No pierdas la oportunidad de pasar esta historia a tus amigos, para que de una o de otra manera, se pregunten por qué seguimos “golpeando” y porqué estamos haciendo las cosas de una manera, si tal vez las podemos hacer de otra.


El hombre psicológicamente esta formado para seguir al poder. Donde esté el mas fuerte física, mental o espiritualmente segun el lugar y la situación. Vivir en una realidad lógicamente materialista, es poder. Allí nos acomodamos y no queremos dar un paso atrás. Empresarios exitosos, comerciantes exitosos, industriales exitosos, politicos exitosos. Están continuamente seguidos por una sociedad cercana que los apoya para mantener sus STATUS, y que nadie los toque porque sacan a relucir sus destrucciones mentales.

miércoles, 27 de abril de 2011

La escena pierde a María Isbert

A un día del fallecimiento de la francesa Marie France Pisier, musa de François Truffaut, a los 94 años dejó de existir una de las favoritas de Luis Buñuel.
María Isbert, una de las grandes de la escena española, falleció a los 94 años en el hospital de Villarrobledo (Albacete) a consecuencia de un agravamiento de las distintas afecciones que sufría por su avanzada edad. Entrañable e incombustible, la artista hizo disfrutar con su saber hacer, tanto como protagonista o como actriz de reparto, a generaciones y generaciones de españoles desde la dura posguerra hasta la actualidad, cuando la enfermedad la apartó del gran público.
La actriz, hija del actor Pepe Isbert y de Elvira Soriano, nació el 21 de abril de 1917 en Madrid. Pronto sintió el tirón por las tablas y debutó en 1939 de la mano de su padre con la obra de teatro Nuestra Natacha. Sólo cinco años más tarde, en 1944 interpretó su primer papel en el cine con la película La vida empieza a medianoche, del director Juan de Orduña.
En 1949 se casó con el actor húngaro Antonio Spitzer, con el que tuvo siete hijos, entre ellos los también actores Tony Isbert y Carlos Isbert -doblador de Homer Simpson o James Gandolfini, en Los Soprano, entre otros-. Su carrera estuvo ligada a la comedida, donde su gracia y maneras la hicieron destacar en obras de teatro como El refugio, Milagro en Londres, Cartas de mujer, El cianuro, ¿sólo o con leche? o El patatús.
Sin embargo, María Isbert es más recordada por sus papeles en el cine, donde la comedia también dejó hueco a la tragedia a lo largo de 250 películas. Así, en los años 60, tomó parte en los repartos de Un rayo de luz de Luis Lucía, Viridiana de Luis Buñuel', El verdugo y las comedidas La gran familia de Fernando Palacios -junto a su padre Pepe Isbert-, Botón de ancla de Ramón Torrado, Recluta con niño y Los ladrones son gente honrada de Pedro L. Ramírez, El cochecito de Marco Ferreri o Un dos tres, al escondite Inglés de Iván Zulueta, entre otros muchos títulos.
Los inolvidables
Con la llegada de la democracia, la actriz participó en películas como El bosque animado y Amanece que no es poco de José Luis Cuerda, o Vaya par de gemelos, de Pedro Lazaga. Las nuevas generaciones la recordarán con La gran aventura de Mortadelo y Filemón de Javier Fesser.
En la pequeña pantalla también tomó parte en series inolvidables como La casa de los Martínez (1967-71), Celia (1992) y Villarriba y Villabajo (1969).
Nunca se despidió del gran público al que ella tanto quiso. Su última aparición tuvo lugar en el Teatro Circo de Albacete para entregar a El Brujo el XIII Premio Nacional de Teatro Pepe Isbert. Durante los últimos años vivía en la localidad de El Provencio (Cuenca), cerca de su familia. Entre los galardones recibidos tenía la Medalla de Plata de las Bellas Artes, el mismo Premio José Isbert y era académica de honor de la Academia de las Artes Cinematográficas de España.

lunes, 25 de abril de 2011

Tristes y solitarios sin Antonio Vega

«La física cambió mi vida. Cambié mi postura ante el mundo cuando comprendí a Einstein. Cuando supe que el camino más corto entre dos puntos no es la línea recta. Cuando empecé a imaginarme cosas como qué pasaría si me montase a caballo en un haz de luz». Así era Antonio Vega, amante de los gatos, escritor de cuentos y relatos, admirador de Tolkien y Asimov, constructor de maquetas de trenes, vigilante de las estrellas, físico de vocación: «Me gusta trabajar con las manos, tengo un taller guapo; llevo un año con una maqueta muy grande, de seis metros por tres, con un esquema de cuatro circuitos combinados, todo digitalizado, está muy bien. Y tengo un telescopio, si no hubiese sido músico sería astrofísico». Así hablaba, muy animado por compartir una de sus pasiones, con motivo del regreso de Nacha Pop, la banda que fundó con su primo Nacho García Vega en 1978.
Poeta de corazón, que dejaba de palpitar a los 51 años, con mucha vida a sus espaldas y mucha también por delante. En aquel reportaje incluso hablaba de ser padre: «Yo no he tenido hijos porque pensé que no era lo mejor, porque la vida que he llevado no era la mejor para ofrecer a un crío. Pero ahora es cuando estoy pensando en la posibilidad de llevarlo a cabo, de tener uno». Muchas ilusiones por cumplir aún. Incluso estaba grabando nuevas canciones para un disco, entre ellas Antes de haber nacido, que presentó en Bilbao, ciudad donde dio el último concierto acompañado de su banda antes de la crisis que lo ha llevado a la tumba.
«No me iré mañana / no sin antes algo más que ver, / no me iré mañana / aún es pronto para envejecer», cantaba. Aunque el disco homenaje, ése que le hacen a uno cuando ya no está, le llegara en 1993 con el título de Ese chico triste y solitario pese a que él dijera no reconocerse en esa descripción y que no le hiciera mucha gracia el tema. Hoy, los tristes y solitarios son sus compañeros de la música y una legión de fieles que se juntan en bares para pinchar una vez más sus canciones, himnos ya de varias generaciones: Tesoros, El sitio de mi recreo, Lucha de gigantes, Relojes en la oscuridad, Esperando nada...
Aquel reportaje se gestó en un bar de la plaza Dos de Mayo, en plena Malasaña, muy cerca del Penta, local que Antonio hizo famoso con su hermosa canción La chica de ayer, escrita con 17 años durante la mili, en la playa de la Malvarrosa, y elegida por muchos como la mejor del pop español y la más representativa de la Movida. Cada noche, a las cuatro, el Penta cierra sus puertas con ese tema, como homenaje al genio que se fue y que arrancará de madrugada más de una lágrima bañada en alcohol. Entonces, en aquel reportaje, sentados los dos primos muy apretados, a punto de emprender una gira de nuevo juntos, Nacho García Vega abrazaba a su primo, Antonio, y llenaba sus silencios en la entrevista, reía, le agarraba, como si no quisiera dejarle ir, ahora que volvía a tenerle cerca, después de que Nacha Pop se disolviera allá por 1988 y ambos emprendieran carreras por separado.
Ahora se le fue de nuevo, pero ahora de verdad, por culpa de una afección pulmonar, supuestamente un cáncer que al principio parecía neumonía. «Era una persona única como única ha sido su contribución al panorama musical de este país. Nos quedarán sus grandes canciones, que nos han emocionado a todos y con las que han crecido varias generaciones». «Le he querido prácticamente desde que nací», se emocionaba García Vega, que se queda con Lo que tú y yo sabemos, y «con cualquier mirada cruzada en el escenario durante tantos años».
Y eso que Antonio estaba convencido de que lo iba a superar. Eso cuentan los que le han podido visitar en el hospital las tres semanas que ha permanecido ingresado. Que los primeros días, cuando estaba más lúcido, pensaba que saldría de ésta como había salido de muchas. Como cuando murió su amada Margarita del Río, un golpe del que sobrevivió, pese a que no muchos confiaran en ello, y que dio origen al disco 3.000 noches con Marga (2005). Pero esta vez, tras la confianza inicial de sus primeros días ingresado, el genio se ha ido apagando y moría. Finalmente.
Después de dos décadas enterrándole, o eso decían muchos, armados de cariño y admiración por el artista y asustados al verle cada vez más deteriorado, sin poder creer del todo que hubiera dejado la heroína. «Yo nunca me he ido. Siempre he estado aquí y sigo estando», dijo en más de una ocasión. Con todo, reconocía que había desarrollado un humor negro del que hacía gala: «Sí, ja, ja, alguna vez he pensado en dejarme caer en el escenario para pegarles un susto, ya que tanto decís, ahora vais a hablar con razón. Nacho y yo tenemos un sentido del humor muy especial, hemos aprendido a ridiculizar lo que no nos hace gracia y a reírnos de lo que sí la tiene. De todas formas, me agrada que la gente esté pendiente y se preocupe, siempre en términos positivos. Cuando no es así, procuro que me dé igual, hacer oídos sordos».
El mundo de la música en España llora la pérdida del que ha sido la influencia de muchos de ellos, el mismo que acaba de formar trío con esos otros dos brillantes artistas cuyos nombres estuvieron también ligados a la droga y que ya se fueron, Antonio Flores y Enrique Urquijo.
«Probablemente sí exista una frustración, la de viajar al espacio. Siempre tuve verdadera pasión por la astronomía. Lo que me falta por sentir, y pienso que tal vez no lo voy a sentir nunca, es la ingravidez del espacio», dejó dicho. Ahora está cabalgando ya a lomos de un haz de luz, la suya propia. «Sólo al final cobra sentido la soledad / cuando el silencio es total / queda el espacio para pensar»...