El anuncio de retirada de Zapatero solo cogió de sorpresa a algún despistado. Amortizado como cabeza de cartel en su partido, tras inmolarse en los primeros años de esta legislatura por una política económica equivocada y errante, el adiós a plazo fijo del presidente era solo cuestión de tiempo. La presión de los barones socialistas apoyados en las valoraciones de encuestas demoledoras, no podía terminar con otro desenlace que la renuncia. Ningún presidente ha salido bien de la Moncloa, pero el leonés llevaba camino de superar a sus antecesores al proyectar una imagen de improvisación y de debilidad frente a poderes superiores que modificaron de arriba a abajo su discurso y su acción política. Su salida no deja de ser un ejercicio de dignidad.
Zapatero protagonizó un caso paradigmático del síndrome del pato cojo, que en Estados Unidos sirve para definir los vaivenes de los presidentes en la última fase de su segundo mandato. Los presidentes víctima de este síndrome suelen responder con improvisaciones o huidas hacia adelante que acaban dañando tanto su credibilidad como la fortaleza de su organización política. ¿Os suena?
Tras una primera legislatura brillante, subido en la ola del crecimiento económico y de la estabilidad social, Zapatero llegó a ser un presidente muy valorado. Sobre todo por su sensibilidad y su determinación hacia amplios colectivos ignorados por anteriores dirigentes. Los avances en derecho internacional y en libertades públicas, en legislación avanzada de derechos civiles, en apoyo de las capas más desfavorecidas y en reconocimiento de las minorías concitaron la simpatía de la mayoría social española.
El vicepresidente del Gobierno, Alfredo Pérez Rubalcaba
Actuó con determinación en asuntos estructurales y en otros menores. Legislador voraz tomó una tras otra decisiones valientes. Aumentó como nunca antes la cuantía de las pensiones mínimas, retiró las tropas de Irak, reguló desde las bodas entre personas del mismo sexo hasta el lenguaje de signos y alumbró una ley de dependencia modélica.
Dubitativo cuando los indicadores económicos pedían tijera, agarrado a sus ideales, defendiendo con uñas y dientes su programa de intervención pública para aguantar la economía nacional, Zapatero perdió su crédito poco después de ser reelegido en el 2008. La percepción ciudadana cambió hasta convertirlo en el presidente peor valorado en las encuestas periódicas que realiza el CIS, superando incluso al Felipe González más hostigado por la corrupción y por el caso GAL y al José María Aznar de la foto de las Azores mientras medio país se echaba a la calle para clamar contra la participación española en la guerra de Irak. Fue incapaz de afianzar un relato político coherente, ante los constantes vaivenes a los que se ha visto sometido por esa jauría de lobos que llamamos mercados. Pasó del Plan E para estimular la economía a enfrentarse a los sindicatos imponiendo una reforma laboral más propia de un gobierno de centroderecha que del Zapatero de la izquierda europea avanzada.
Carmen Chacón, una de las favoritas para sustituir a ZP
El panorama político ante las elecciones autonómicas y locales de mayo habría de quedar ahora más despejado. Queda por ver ahora cómo administra este nuevo escenario un PSOE que temía un batacazo histórico como consecuencia del desgaste de su secretario general. Cuando Felipe González fue derrotado en las urnas, las siglas estaban mucho más desgastadas que el líder. Con Zapatero no ha sucedido lo mismo. La percepción mayoritaria es que hay votantes que jamás le votarían a él, pero sí lo harían con un PSOE renovado. Labor de los barones, y del aparato de Ferraz, con José Blanco y Marcelino Iglesias a la cabeza, será diseñar una campaña afianzada en la credibilidad de un proyecto político que pierda carácter presidencialista. Aunque toque hablar de primarias y de candidatos, el problema para España no radica ahora en si Rubalcaba o Chacón suceden a Zapatero en el cartel electoral, sino si el principal partido del centroizquierda es capaz de recuperarse y de reorientarse. No lo tendrá fácil, pero la inmolación del líder quemado es una ayuda.
Por las primeras reacciones escuchadas, el PP insistirá en convertir estos comicios en un ensayo de las elecciones generales. Será inevitable que toda la campaña se contamine, dado que Mariano Rajoy seguirá hablando de Zapatero, de la interinidad y de los cómplices aún cuando pueda tomar decisiones necesarias para el país que no se alejarán mucho de sus planteamientos. ¿Cuántas veces tendremos que escuchar de aquí a final de año que el gobierno está en manos de un dirigente provisional? Poca memoria guarda el PP cuando fue precisamente Aznar el único presidente que hasta ahora se había puesto fecha de caducidad.
La acción policial de hace dos semanas en el campamento gitano de Freixeiro, que se saldó con 17 detenidos y la incautación de pequeñas cantidades de droga, sirvió para constatar lo que ya se intuía.
A comienzos de los años 70 se asentó en el municipio naronés, un poblado chabolista en unos terrenos adquiridos por Cáritas. Cuarenta años más tarde, los vecinos ya se han acostumbrado a convivir con el primer supermercado de la droga de Galicia, epicentro de toda una organización criminal perfectamente jerarquizada. Encargados de la vigilancia, responsables de la venta, o compradores a los mayoristas ocupan cada uno una tarea muy bien definida que impide un mayor éxito policial. Durante cinco meses, la brigada ferrolana realizó 35 incautaciones y vigiló Freixeiro hasta determinar cual era el papel de cada miembro de un clan que dividía sus funciones. El poblado de Freixeiro se dedica al narcotráfico desde hace generaciones y dominaba este mercado en todo el noroeste peninsular. Cerca del campamento están dos institutos y el apeadero de Feve, donde cogían el tren para distribuir la droga hacia la costa lucense e incluso a Asturias.
La venta se iniciaba a las doce de la mañana. Los toxicómanos pasaban por un pasillo entre las chabolas y el muro, tras superar los filtros de los moradores, que se aseguraban de que fueran conocidos y con dinero. Las mujeres realizaban la venta en dos pequeñas casetas junto a una hoguera siempre encendida para eliminar pruebas si notaban que la policía andaba cerca. Se valían de un drogadicto de confianza, el Perro, para carretar la droga, oculta en las inmediaciones del poblado. Si detectaban alguna patrulla, obligaban a los toxicómanos a consumir los estupefacientes en las casetas. La matriarca era la que recaudaba las ganancias.
Las cantidades incautadas no invitan al optimismo, pero sí animan a la confianza ciudadana. Con cierta resignación los vecinos denuncian la situación de inseguridad en la que viven y la pasividad de las autoridades y de los políticos. Con el desmantelamiento de poblados como el de Penamoa en A Coruña, el tráfico de drogas convirtió al campamento de Freixeiro en un punto de incesante trasiego de toxicómanos. En un solo día se pueden llegar a contabilizar hasta 1.000 coches.
A tan sólo unos metros se levantan bloques de viviendas construídos hace casi dos décadas y sus habitantes no pueden acercarse a la zona porque hay jeringuillas por todas partes. Además los drogodependientes utilizan las farolas y la luz de los escaparates para drogarse. La abundante basura, la conducción de coches pilotados por menores o incluso la prostitución son otras de las quejas. Protestas que van en contra al ayuntamiento, que no escucha sus denuncias y cierra los ojos al problema. En los últimos tiempos el poblado había duplicado su actividad. El poblado naronés se blindó como un fortín con un muro y patrullas alrededor del perímetro con una docena de hombres armados con palos y vigas de acero. La vigilancia policial era puntual y no estaban en las horas críticas.
Desde hace unos meses asistimos a un triste suceso. Esta vez el caso no ocupa las portadas de los periódicos nacionales, ni se agolpan los contertulios más variopintos para conceder entrevistas en la tele o en la radio. Aparte de los medios de comunicación gallegos, la noticia de la expulsión de la escuela de una niña de Arteixo por llevar el hiyab apenas ha trascendido. Hemos podido leer algunas noticias y entrevistas aquí y allá, pero el eco mediático ha sido mínimo comparado con casos anteriores.
Estaría satisfecho si esa falta de polémica y difusión se debiera a que por fin nos hemos dado cuenta de que para que los debates lleguen a buen puerto hemos de prescindir de sensacionalismos y de agendas políticas, pero parece que se trata más de una normalidad a la que nos estamos acostumbrando peligrosamente y, sobre todo, porque las ventas y audiencias ya han quedado cubiertas con las revueltas acutales en los países árabes.
No me apetece escribir un enésimo artículo sobre la libertad religiosa, sobre cómo las administraciones y colegios se saltan a la torera la Constitución española. Por una vez vamos a intentar ponernos en el lugar de estas niñas y jóvenes. ¿Cómo te sentirías si te excluyen de un establecimiento publico y te señalan con el dedo?
La niña del velo se llama Zoubair Hakim. La han excluído de la escuela pública por llevar la cabeza cubierta. ¿Cuántas niñas musulmanas más deberemos sumar a la lista de personas non gratas? ¿Cuándo se terminarán estas discriminaciones impunes?
Niños caminando entre ratas, heces y montañas de basura y bebés de pocos meses durmiendo junto a toneladas de desperdicios. Hace treinta años se formó un núcleo de chabolas a las afueras de A Coruña. Más de 200 familias convivían entre la miseria, las ratas y las drogas. Ahora quedan los vestigios de lo que fue el poblado gitano más grande de Galicia: escombros de lo que fueron las chabolas de muchos, niños jugando entre jeringuillas y drogadictos pinchándose su dosis. Hacia el poblado se produce un goteo constante de consumidores que acuden a todas horas a comprar droga.
Muchos de los que nacieron allí todavía resisten. Nacer en Penamoa marca, pero también deja huella en los vecinos de alrededor que llevan años luchando por un Penamoa libre de drogas. Y parece que ese final está cerca.
El Ayuntamiento de A Coruña, a través de su Concejalía de Servicios Sociales ha desalojado a un centenar de familias y aseguran que los que quedan ya han recibido la orden judicial para abandonar el lugar. La limpieza de Penamoa viene precedida por la obras de la tercera ronda de A Coruña. Una circunvalación que parte el poblado, o lo que queda de él, en dos. De ella ya se han arrancado las farolas, los cables, y en su recién estrenado asfalto yacen los restos de las dosis consumidas. Pero todavía ni rastro de coches.
Las citaciones para desalojar están repartidas y, según los responsables, en unos dos meses como mucho, ya no quedará ni rastro de Penamoa. Pero plazos similares se han dado a lo largo de los años, y no se han cumplido. Los vecinos ya no creen en las promesas de los políticos.
En nuestro recorrido por Penamoa somos bien recibidos. Manuel, conocido como el Fórmula V, nos recibe en el puente que cruza la tercera ronda al lado del campamento. Él no vive allí. Va todos los días al poblado a ayudar a las 12 familias que siguen viviendo en Penamoa y defenderlos. «No veo lógico que metáis una orden judicial para derrumbar el poblado» nos dice, «es mejor que hagáis un hoyo y metáis a todos los gitanos y los matéis de golpe». Manuel asegura que es un pueblo analfabeto. No saben leer ni escribir. Y «los políticos los engañan de la manera más fácil», afirma. El FórmulaV es uno de esos gitanos que se han acogido a las ayudas que les ha brindado el ayuntamiento, pero no está contento del todo. Dice que el dinero que les corresponde de indemnización, el ayuntamiento lo utiliza para pagar el alquiler de su casa en vez de dárselo. «Ese dinero sólo llega para unos cuantos meses y después tenemos que buscarnos la vida», concluye.
Llega el momento de adentranse en el poblado de Penamoa. Los pocos que hablan dicen que no tienen nada que ver con las drogas. «El pueblo gitano no tiene culpa de las drogas», nos dicen. Nadie nos enseña sus chabolas, y la procesión de coches para «pillar» no cesa. Los que allí quedan dicen que quieren un piso. Un joven con un bebé en brazos confirma los deseos de todos: «Llevamos 25 años viviendo aquí y creo que tenemos derecho a una vivienda». Por su parte, una joven de 31 años y madre de dos hijos relata: «es muy duro vivir aquí tirado sin poder dormir, con una estaca en las manos para espantar las ratas y que no muerdan a nuestros hijos». Su casa está cubierta con una pancarta que se ve al pasar por la recién construída tercera ronda. En ella se puede leer «nos han dejado en la calle».
Su tiempo se acaba, y ellos son conscientes. Están al corriente de todas las noticias que salen en el periódico, y los nervios están presentes en el ambiente. La concejala de Servicios Sociales no es bien recibida en el poblado. Tampoco otros políticos de la ciudad coruñesa. «Silvia Longueira es una puta, le vamos a cortar la cara» declara una de las chicas que viven en el poblado. «Aquí viene gente muy importante a buscar su dosis de droga», concluye.
Llegó el tiempo de irnos. A nuestro paso queda un paisaje dominado por los escombros de lo que una vez fue el poblado gitano más grande del noroeste español. Pero algo nos vuelve a llamar la atención. Mientras caminamos hacia la salida, una madre peina a su hija pequeña en medio del paisaje de desolación en el que viven. Tiene tres años y se llama Ana. Sus ojos azules y su pelo rubio encandilan a cualquiera que la vea. Son las once de la mañana y no está en el colegio. Su madre repite constantemente «Dadnos una vivienda», y ella la imita.
Todo con un telón de fondo que enmarca la escena: la tercera ronda de A Coruña que parte el poblado en dos y que vacía espera que los residuos y los destrozos dejen paso a los coches. La pregunta es, si mientras circulan verán Penamoa por sus ventanillas o habrá desaparecido para siempre. Habrá que esperar para verlo.
"La legendaria actriz, mujer de negocios y valiente activista Elizabeth Taylor ha fallecido hoy en calma". Con un escueto comunicado, el agente de la mujer de la mirada violeta, la perfecta reencarnación de Cleopatra, confirmaba ayer la muerte. El corazón de Taylor no pudo más y se paró, mientras dormía, la madrugada del miércoles en la habitación del hospital Cedars-Sinai de Los Ángeles, en la que llevaba seis semanas ingresada luchando contra una insuficiencia cardiaca.
La actriz, que hacía menos de un mes había celebrado su 79 cumpleaños disfrutando de la gala de los Oscar, falleció rodeada de los suyos. "Sabemos, simplemente, que el mundo es un lugar mejor porque mi madre vivió en él. Su legado nunca desaparecerá, su espíritu siempre estará con nosotros, y su amor vivirá por siempre en nuestros corazones", recordó Michael Wilding, segundo hijo de Taylor que, junto a sus tres hermanos, estuvo a su lado en los últimos momentos. Wilding aseguró que su madre, muchas veces castigada en exceso en la prensa por sus romances, excentricidades y pasión por las joyas, "fue una mujer extraordinaria que vivió al máximo, con gran pasión, humor y amor".
No cabe duda que la actriz británica, nacida en 1932 y nombrada dama del imperio por la reina Isabel II, vivió su vida muy rápido, quizá demasiado.
Elizabeth Taylor deja tras de sí una biografía que podría considerarse el libro de estilo de cualquier aspirante a musa del celuloide. A los 12 años se convirtió en estrella infantil. Con 18 vivió su primer divorcio, a los 26 enviudó y antes de cumplir los 30 alcanzó la categoría de icono del Hollywood clásico gracias a sus sólidas interpretaciones y al tumultuoso idilio con el que sería el amor de su vida, el actor Richard Burton.
Entre 1957 y 1960, consiguió hilvanar cuatro nominaciones consecutivas al Oscar a mejor intérprete femenina, un récord aún no superado. En la década de los sesenta se alzó con dos estatuillas -por sus papeles en Una mujer marcada (1960) y ¿Quién teme a Virginia Woolf? (1966)- y se convirtió en abuela, todo sin haber cumplido los 40. Harta de las cámaras, a mediados de los setenta abandono el cine y, salvo esporádicas apariciones televisivas, se dedicó en cuerpo y alma a la labor humanitaria. Jane Fonda, compañera de reparto de Taylor en su última gran película, El pájaro azul (1976), ha sido una de las primeras voces de Hollywood en lamentar la pérdida de "una persona íntegra, bondadosa, generosa y valiente".
Con el paso del tiempo, la belleza y la escultural figura que la convirtieron en la actriz más bella de Hollywood se convirtieron en su propia trampa. Sus últimos años de vida fueron una lucha constante contra su cuerpo, que no aceptaba la vitalidad de la dama del cine y la obligaba a pasar constantemente por el hospital. De la noche a la mañana, sus visitas al médico fueron casi el único motivo por el que la otrora diva del cine volvía a las portadas de los medios de comunicación. "Mi cuerpo es un verdadero desastre", aseguró Taylor a la revista W en 2004, el mismo año en que le fue descubierta la insuficiencia cardiaca congestiva que finalmente apagó su vida.
Sus problemas de salud venían de mucho antes. Fumadora compulsiva, en 1975 dejó el tabaco después de que le diagnosticasen de manera errónea un cáncer de pulmón. Durante décadas luchó contra su adicción al alcohol y las pastillas, las dolencias físicas o el sobrepeso. Según sus biógrafos, la intérprete podría haber pasado por el quirófano entre 30 y 40 veces a lo largo de su vida para poner remedio a sus problemas cardiacos, de pulmón, cadera e incluso para extirparle un tumor benigno del cerebro en 1997. También combatió con éxito una neumonía y un cáncer de piel.
83 millones contra el sida
A pesar de sus problemas físicos, que la obligaban a moverse en una silla de ruedas, Taylor nunca perdió la vitalidad y, ya alejada del cine, centró sus esfuerzos en la lucha contra el sida. En 1985, año en que la enfermedad se llevó a uno de sus grandes amigos, el actor Rock Hudson, contribuyó a la creación de la Fundación para la Investigación del VIH (AMFAR).
Como presidenta internacional e imagen de la organización sin ánimo de lucro, consiguió recaudar más de 83 millones de dólares en fondos para la búsqueda de un remedio contra el virus de la inmunodeficiencia humana. Su implicación en la causa le valió numerosos premios, entre ellos el Oscar especial a la labor humanitaria, el galardón Jean Hersholt, en 1993.
La pasión por ayudar a los demás fue la que la acercó a su gran amigo y confidente, Michael Jackson. Taylor, usuaria de Twitter desde 2009, reconoció a través de la red lo difícil que le resultaba superar la pérdida de quien ella misma bautizó como el rey del pop. "Mi corazón y mi mente están rotos. No me imagino la vida sin Michael", confesó a sus 300.000 seguidores.
Ahora la gran actriz que inmortalizó su imagen en más de 50 películas descansará en la misma ciudad que su gran amigo, en el cementerio WestWood Village Memorial Park de Los Ángeles, donde su familia tiene un nicho junto al de Marilyn Monroe y Natalie Wood.
Hace más de diez años que entraron en el mercado español, pero son todavía unos desconocidos. Los esfuerzos llevados a cabo por la Administración en esta década para fomentar en España una cultura del genérico no tuvieron el éxito esperado. La deficitaria educación sanitaria en torno a los genéricos tiene todavía que superar muchos recelos, incluso entre los propios médicos.
La decisión de la Consellería de Sanidade de poner en marcha un catálogo de medicamentos abrió heridas en los colectivos afectados. El departamento de Pilar Farjas solo buscaba un ahorro para mantener el sistema de salud público, aunque no contaba encontrar tantas piedras en el camino.
Pero lo que no se puede negar es la constancia de la conselleira, que luchó contra viento y marea para sacar adelante su proyecto. Ayer mismo recibió el apoyo del TSXG, que rechazó la demanda de la Federación de Farmacias de Galicia que reclama la suspensión del decreto por el que entró en vigor el catálogo de medicamentos, y autoriza al Gobierno autónomo para que siga aplicando su catálogo de medicinas a bajo precio.
Los argumentos que dio el Tribunal Superior son un estacazo para las farmacias, ya que considera que el recurso, cuando da argumentaciones sobre la ineficacia de los genéricos frente a los que no lo son, no van acompañadas de pruebas documentales o de informes que avalen esta premisa. Y, a falta de pruebas de que se esté jugando con la salud de los gallegos, los jueces dictaminaron que no existe riesgo que obligue a suspender el plan de ahorro puesto en marcha por la Xunta.
Esa es la clave del problema planteado por los colectivos que se oponen. «Deberían de saber que los genéricos son medicinas que cuentan con el visto bueno de la Agencia Española del Medicamento y tienen las mismas propiedades que los fármacos con marca comercial», señala Farjas. Por lo tanto, cualquier duda sobre desigualdad en la eficacia terapéutica, estaría fuera de sospecha sobre su efectividad.
No quiere esto decir que la Xunta vaya a sacar adelante su proyecto de rebaja en la factura que los gallegos pagan para el cuidado de su salud. Depende del recurso de Farmaindustria y del que presentó el Gobierno ante el Tribunal Constitucional.
Los argumentos de quienes se oponen al catálogo se centran en la discriminación que sufrirán los pacientes gallegos con respecto a los de otras comunidades al no poder acceder a determinados fármacos. Algo que muchos ven como una falacia.
Mi entrada de hoy no va a ir ni de asesinos, ni de políticos muertos, ni de sitios que me gustan. La entrada de hoy va a ser un homenaje.
Un homenaje a mi generación, la generación de los 90, la última generación que se crió en la calle sin ningún peligro. Los niños de ahora están todos lobotomizados con videoconsolas, ordenadores y parafernalia así. Nosotros nos levantábamos a las 10 de la mañana y a las 11 ya estábamos en la calle, volvíamos a comer y a las 4 (O 3 si no había que hacer deberes, ¿os acordáis de los cuadernos rubio?) ya estábamos de nuevo en la calle.
Cuando yo era pequeño pasarse una tarde entera jugando a la consola era impensable, no solo por la razón de que eran pocos los colegas que tenían consolas y sus padres les dejaban llevar colegas a casa, si no porque todos preferían andar haciendo el gamberro por ahí.
Recuerdo aquellas tardes de verano con la pandilla. Saltábamos a las fincas de los vecinos a robar fruta y comíamos hasta que no nos podíamos ni mover. Los chavales de ahora se ponen ciegos a gominolas, luego extraña que estén todos obesos.
¿Quién no recuerda todas esas tardes jugando a ladrón y policía con pistolas de bolitas o jugando al fútbol en descampados enormes marcando porterías con piedras? Ahora eso es impensable, todo está lleno de urbanizaciones y mierdas varias, saltas un muro y tienes a 4 policías detrás y medio vecindario apaleándote.
Recuerdo aquellas tardes al salir del colegio jugando al diábolo o a la peonza, echándonos piques para ver quien hacía el truco más difícil. O jugando alguá con las canicas. Saber jugar bien a estos juegos significaba ser el triunfador del patio, era el éxito asegurado.
¿Y quién de vosotros no tuvo nunca un álbum de cromos? Recuerdo (aunque a mi nunca me haya gustado el fútbol) aquellos cromos del Super Depor, de cuando Bebeto, Donato y todos esos, ¿Quién diría que yo me iba a acordar de eso eh? Eso sí que era fútbol y no lo que hay ahora, que parecen pases de modelos.
¿Y nuestros juguetes? Nuestros juguetes eran una pasada, aguantaban todo tipo de meneos y nunca te aburrías de ellos. Aquellos Scalextric, Legos y Micromachines con los que nos pasábamos horas imaginándonos historias y creando nuestras propias aventuras.
¿Y los playmobil? Los playmobil de nuestro tiempo eran los reales: El barco pirata, el circo, el hospital, el helicóptero de rescate…Eso eran playmobil y no lo de ahora, que el barco actual lo metes en la bañera y zozobra.
Yo nunca tuve Gijoe, pero recuerdo con nostalgia aquellas tardes jugando con mi Action Man. Le ataba una bolsa en las manos y lo tiraba por la ventana una y otra vez como si fuera un paracaidista. Anda que no llevó palos ese muñeco ni nada…y seguro que si lo busco todavía lo encuentro entero.
¡Y cómo olvidarse de Simón, de aquellas pizarras “mágicas” para dibujar y de los juegos de magia! ¿Y Ondamanía, aquellas espirales de plástico de colores que se pasaban de una mano a otra?
Hablemos ahora de nuestras meriendas y golosinas:
El bollycao y las pantera rosa, aquellos bollos que solo conseguíamos que nos compraran cuando nos portábamos bien y que saboreábamos como si nos fuera la vida en ello.
Es imposible olvidar aquellos sobres con polvos de colores que se mezclaban con agua y daban como resultado una bebida increiblemente deliciosa que no duraba nunca mas de cinco minutos, el Tang.
Si os digo la verdad ni siquiera se si todavía existe, la próxima vez que me pase por un supermercado preguntaré y si todavía hay me llevaré unos sobres para recordar viejos tiempos.
Y ya en ocasiones excepcionales podíamos hablar de comernos un mikolápiz, un polo de hielo o un frigopie, aquellos helados con forma de pie que sabían a ¿Fresa? y que se derretían misteriosamente rápido y acababan pringandonos las manos enteras.
O un caramelo “push pop”, aquellos caramelos que para que salieran había que pulsar por debajo y que al final chupabas mas el plástico que el caramelo y acababas con la mano llena de babas. Un paquete de caramelos pez o unas pulseras de caramelo (que manoseabamos hasta la saciedad antes de comérnoslas). Unos peta zetas (Eran de risa, no había nadie que se resistiera a hacer el gilipollas cuando se comía un sobre de estos) o chicles bubaloo.
¿Y la tv de nuesta época?
Yo recuerdo que cuando tenía clase apenas veía la tv, los míticos simpsons o cosas de casa (¡Steve urkle!) al mediodía y como no, Xabarín club mientras merendaba (todos los niños gallegos lo adorábamos).
Pero los fines de semana recuerdo que me levantaba a las 8 de la mañana (¡No necesitaba despertador, era increíble!) y me tiraba en el sofá hasta la hora de comer o hasta que me venian a buscar mis amigos, viendo las series que daban en todos los canales, alternando cuando daban publicidad.
Oliver y Benji, Power rangers, Club Disney, Club Megatrix, Bola de dragón, El equipo A, etc…Podría tirarme horas diciendo series que molaban.
La lucha libre de nuestra época, ¿cómo olvidar al mítico Hulk Hogan?Eso si que era lucha y no lo de ahora, ¡los nuestros estaban curtidos!
Ahora le toca a Pokemon, pero no a los 100 millones de pokemon de colores que hay ahora, si no a los 150 pokemon, los reales. Aquello sí que fue una revolución: álbums de cromos, muñecos, serie de tv con las peleas estilo oliver y benji, que no se acababan nunca o te cortaban en lo mejor…
Y por supuesto, los juegos de la Gameboy. Ser entrenador pokemon era todo un reto aunque no lo parezca, ¿eh?
Nada más empezar te sometían a la peor elección de tu vida: Qué pokémon escoger para empezar a jugar. ¿Cómo voy a escoger un pokémon si ni siquiera se de que va el juego?
Aún así yo era más de squirtle, decían que era una mierda, pero no había quien aguantara una ventisca.
¿Y el pobre pikachu en el amarillo? Ni Dios lo quería, todos lo tenían en el ultimo cajón del PC de Bill, era la oveja negra de los pokémon, ¡Y lo peor de todo es que ni siquiera le podías pasar el marrón a un colega con el cable link, porque no te dejaba moverlo!
Acabo de recordar el mítico truco de clonar cosas con el cable link: Ponías a pasar algo y cuando estaba por la mitad apagábais los dos la Gameboy y al encenderla había dos posibilidades: Que los dos tuviérais el pokémon o el objeto a clonar o que simplemente se fuera a tomar por el culo y desapareciera.
Que mítico era clonarse al mew de otros colegas o caramelos raros para subir de nivel…
De todas formas mew no era difícil de conseguir. Era un puteo, eso sií pero difícil difícil… Era el truco aquel de las islas fallo, ¿recordáis? Dar cinco pasos en la zona safari, salir, entrar, salir, ir a no se donde, volver a la zona safari y…¡Pum! Ya estabas en islas fallo. La verdad es que era un poco raro eso de pasear por una zona hecha con números y cosas sin sentido, no se a quien se le habría ocurrido…
Bueno, hay que decir que ahí no solo salía mew, también salia… ¡Missigno! Aquel pokémon que era una interrogación (si no recuerdo mal) y copiaba lo que hacían los pokémon enemigos.
El objetivo final de pokémon nunca lo entendí, se supone que era vencer a Gary en la liga pokémon, pero podías vencerlo una y otra vez que nunca conseguías nada nuevo, solo 15 minutos de textos que no se podían pasar dándole a la B y otros 15 min de créditos, cosa que suponía una eternidad porque no podías apagar la Gameboy, si lo hacías no podías guardar el juego…
¡Tranquilos!, se que me olvido de muchas cosas, pero como comprenderéis no puedo nombrarlas todas. De todas formas ahí van unos cuantos recuerdos más:
Tamagochi, aquella mascota que si te olvidabas de ella en vez de morirse se subia a su nave espacial (WTF?) y se iba volando para no regresar. (Si querías que naciera de nuevo tenias que reiniciarlo dándole al botoncito de detrás con la punta de un boli).
Las manos locas, que normalmente venían de regalo en las bolsas de patatas y lo mas normal era o que se te quedaran pegadas al techo y tu madre las despegara y las tirara a la basura o que las tirara a la basura directamente sin darte tiempo a pegarlas en el techo.
Los maletines de plastidecor: Todo el mundo con sus cajas de 12 colores en clase de dibujo y cuando alguien sacaba su maletín de lápices, ceras y rotuladores de colores era como si se apareciera la virgen. Y los bolis de 10 colores.
Los tazos de chester cheetos, que se clasificaban en:
Tazos normales
Chiquitazos: En ellos aparecían imágenes caricaturizadas de chiquito con sus frases célebres.
Magic tazos: Unos tazos con un holograma en el que se podía ver su imagen cambiar dependiendo del ángulo en el que se miraba.
Mega tazos: Igual al normal pero con la parte posterior amarilla y con el texto “mega tazo”.
Master tazos: Eran unos tazos con un tamaño y peso superior a los normales que se conseguían dentro de las bolsas de aperitivos grandes.
Macro tazos: Los macrotazos eran mas grandes que los master tazos, pero eran del mismo grosor que los normales.
Y después había los porta tazos y las pistolas dispara-tazos. Recuerdo que cuando estuve en el hospital porque me operaron de amigdalas me regalaron una pero me la acabaron quitando porque le disparaba a los médicos.
Y muchas más cosas que me dejo pero que no puedo nombrar porque son demasiadas, creo que con todo lo que os dejé ahí arriba hay suficiente para empezar a recordar y tener ataques de nostalgia, yo los tengo y no os imagináis como echo de menos esos años, es una pena que no vayan a volver, ni para nosotros ni para nadie.
Este tocho va dedicado a toda mi generación, los del 90. Aunque nunca lleguemos a conocernos ni a vernos las caras sabemos que fuimos la excepción, la última generación bien criada y con libertad, y que tenemos tanto en común que solo con cruzar una mirada con un desconocido de nuestra edad sabemos que el vivió cosas similares a lo que nosotros vivimos en la infancia. Esa mirada que aunque sea en silencio intercambia información de todo tipo, como diciendo: “Yo se lo que tu sabes y tu sabes lo que yo se”.