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jueves, 10 de marzo de 2011

Na fin do mundo: A maldición das secuelas

A estrutura da historia desta terceira aventura dos piratas do Caribe convértese na principal fonte de decepcionantes sorpresas: a falta de imaxinación á hora de crear novas personaxes, a pouca confianza nas tramas sinxelas converte a amálgama de sucesos que se encadean nun mosaico caótico deseñado para captar a atención momentánea do espectador e desligalo da visión de conxunto. Entretén pero seguindo a traxectoria doada da fragmentación en bloques de acción, hipnotizando ao espectador con secuencias impecables na súa espectacularidade visual.

Desta maneira, impídelle alonxarse para contemplar o todo e poder xulgar a verdade da película. Non interesa unha ollada global, porque entón é posible captar os ocos inmensos dunha trama escrita baseándose na adición de elementos e nos puntos de xiro continuos, pero ignorando a composición de personaxes e a continuidade respecto ás cintas anteriores.
Se xulgamos os momentos un por un atopamos algunha secuencia que se consegue achegar a aquilo que se podería considerar cinematográfico, e logra rozar a fibra do espectador máis esixente, recordándolle os logros da primeira película: ao comezo da historia, cos condeados a morte entoando unha fermosa canción para alertar da inxustiza aos piratas; as intervencións da única personaxe ben composta e brillantemente interpretada, o contraditorio capitán Jack Sparrow; a unión de todos os capitáns dos barcos piratas, que esperta o espírito do que sempre representaron. E aínda resulta máis triste se temos en conta que tanto a posta en escena coma os efectos visuais están tan coidados como se agardaba. Tampouco se pode ignorar a magnificencia da súa banda sonora. Insuficientes segundos para unha metraxe de tres horas, chea de piropos argumentais que converten a triloxía no que xa se prometía na segunda entrega: un híbrido entre as aventuras e a fantasía.


miércoles, 9 de marzo de 2011

Cirugía Antiestética

La sociedad siempre ha valorado la belleza. En la literatura, a menudo simboliza el atractivo protagonista admirable, mientras que la fealdad indica el antagonista abominable. La gente de toda raza y cultura se han ido a los extremos en el nombre de la belleza.

Implantarse silicona en pechos, labios o glúteos son algunas de las preocupaciones de los últimos años. La cirugía estética ha dejado de ser una práctica exclusiva de famosos. Su consumo se ha extendido a todas las clases sociales. Aceptarse más, encontrarse mejor y recuperar autoestima, son algunas de las razones. La aceptación o rechazo de otros jóvenes son también factores que influyen en la decisión de mejorar el aspecto físico. El avance en el terreno tecnológico y el abaratamiento de los precios, ha hecho que la gente pierda el miedo al bisturí. Un arreglo de nariz cuesta unos 1.100 euros. Es posible que tanto la televisión como las películas o la publicidad, ejerza un gran poder de seducción en los adolescentes. A esas edades la apariencia física tiene una gran importancia. El problema es que no cuentan con el peligro de una operación en un cuerpo que aún no ha terminado su desarrollo. Se someten a operaciones de cambios físicos radicales y puede ser contraproducente. No podemos intentar solucionar un problema de inseguridad y baja autoestima con la cirugía. Su origen va más allá del aspecto físico. Pero no podemos olvidar que la belleza es una apreciación subjetiva y temporal. No existe un criterio universal. La belleza no se define, se reconoce. La cirugía estética es la materialización del mito de Narciso, preocupado en exceso por su apariencia exterior.

viernes, 4 de marzo de 2011

Jane Russell, al cielo con Marilyn

Para los amantes del cine será siempre aquella morena larguirucha que bailó junto a Marilyn Monroe en Los caballeros las prefieren rubias. Pero más allá de aquel papel junto a la rubia más deseada de la historia, Jane Russell fue una de las más recordadas actrices de una época dorada de Hollywood y un poderoso icono sexual, uno de los pocos capaces de medirse con Marilyn.


La fábrica de sueños despedía el lunes a la actriz estadounidense que tuvo en la comedia un pilar de una carrera desigual. Russel falleció a causa de un fallo respiratorio a los 89 años en su casa de Santa María, al oeste de California. Apartada del cine desde finales de los 60, colaboraba activamente en causas benéficas. Su familia ha pedido que en vez de enviar flores se hagan donaciones a dos centros de acogida para menores y mujeres embarazadas «Murió en paz en su casa rodeada de sus hijos», confirmó Kim David, directora ejecutiva de CASA, organización caritativa a la que estaba vinvulada la actriz.

Jane Russell, que visitó el Festival de San Sebastián en 1990 como estrella invitada, se hizo indispensable en los repartos después de que Howard Hughes la descubriera y la lanzara al estrellato con su papel en El forajido (The Outlaw, 1943).

Su desenfado y la explosiva voluptuosidad de sus poderosas curvas en la publicidad de aquella película crearon el morboso mito erótico. En las fotos aparecía recostada sin asomo de recato sobre un lecho de paja luciendo un vestido de vértigo que traslucía su exhuberante busto bajo una blusa negra.

Demasiado para unos censores que retuvieron la película durante tres años antes de autorizar un estreno que marcó un antes y un después paisaje cinematográfico de la época. Su atrevimiento y picardía acabaría por afianzarla como legendario símbolo sexual y hacer de Russell primera opción de los directores para encarnar los papeles femeninos que demandaban la generación de soldados estadounidenses desplegados en zonas de guerra que jaleaban a la rubia Monroe y a la morena Russell.




Conservadora
La potencia sexual de su imagen contrasta con las conservadoras convicciones personales de la actriz. Frente al Hollywood más liberal y libertino, Russell se erigió en defensora del catolicismo y de los valores republicanos.  Activa militante del partido conservador, se describía a sí misma como una activista pro-vida después de haber sufrido con 18 años un aborto mal realizado que le dejó graves secuelas y problemas para concebir. Casada en tres ocasiones, el jugador de fútbol americano Bob Waterfield fue su primer marido, con quien adoptaría a sus tres hijos.

Nacida en Bemidji, Minnesota, el 21 junio de 1921, Ernestine Jane Geraldine Russell era hija de una actriz y de un oficial del ejército. Fue descubierta por casualidad cuando Howard Hughes la vio trabajando como recepcionista de un dentista,  cuando buscaba a una actriz para ser la heroína de El forajido. En su trayectoria también figuran películas como Las fronteras del crimen (1951), Macao (1952) y Sangre caliente (1956).




Los caballeros las prefirieron rubias

El lunes despedíamos a Pepín Martín Vázquez, el torero que nos enganchó desde el cine de verano. Ese mismo día se iba otra estrella que brilló de manera rutilante bajo el cielo tachonado de estrellas como techo del cine de nuestra infancia. Ni Angelina Jolie ni Jennifer Aniston, ni Scarlett Johansson, el verdadero sex simbol de Hollywood siempre será Jane Russell. Era todo glamour. Por puras cuestiones anatómicas y por haber provocado horas extras a la censura, de su país y la nuestra, por culpa de The Outlaw, el western de Howard Hughes de 1943 que nos descubrió las infinitas posibilidades eróticas de un pajar. Tenía una ondulada melena negra que para sí quisieran las rubias, aunque las prefirieran los caballeros. Jane Russell era la morena que competía con Marilyn en Los caballeros las prefieren rubias en un mano a mano que aguantó como pudo. El ciclón que significaba el mayor símbolo erótico del séptimo arte era demasiado para el cuerpo y la bella morena californiana nunca superó del todo la prueba. Ha muerto casi nonagenaria para perder una vez más la batalla con aquella diosa rubia que en plena juventud se fue una noche porque le dio la real gana. Si José le ganó la batalla a Juan en Talavera, Marilyn se la ganó a Jane varias veces, la primera en el duelo de la película y después muriendo como una heroína joven, sin la inexorable huella del tiempo. El lunes se apagó la última estrella de Hollywood, Jane Russell.

jueves, 3 de marzo de 2011

Juguete Roto

Cansada de luchar contra la enfermedad que padecía, Amparo Muñoz cerraba definitivamente los ojos a la vida cerca de la media noche del pasado domingo. Reinó en el universo de la belleza durante seis meses. Se había negado a ser manipulada por la organización y les devolvió el cetro y la corona. Y con ellos todas las prebendas de que goza la reina de la belleza universal. Era una mujer de carácter. Se bastaba a sí misma para salir adelante sin necesidad de vivir al dictado de quienes pretendían decidir por ella. Había sido Miss Costa del Sol y Miss España y sabía sobradamente de qué iba todo aquello.

Amparo Muñoz ha sido, sin duda alguna, la más bella entre las bellas a lo largo de la historia de este tipo de certámenes. La única Miss Universo española. Nadie le hizo sombra salvo ella misma. Aquel bellezón andaluz acabaría convertida en un juguete roto. Como lo fue Marilyn. Como lo han sido tantas y tantas mujeres pasto del cuché, del celuloide, de la letra impresa y del vinilo. Vivió demasiado a prisa a raíz de su primera separación matrimonial y esa velocidad de crucero en un mar de escándalos y de drogas le ha pasado factura a una edad en exceso temprana, 56 años, en la década de la madurez plena. Cincuenta y seis años de los que buena parte de ellos fueron un auténtico infierno.

La vida de los personajes públicos linda directamente con el infierno, el averno está a un paso de sus vidas, solo hay que darlo. Amparo lo dio. La de Amparo Muñoz, guapa entre las guapas, es la crónica de una muerte largamente anunciada. Empezó a morir en vida tras su marcha a México donde conoce a un pájaro de cuenta, de los muchos que rodean a mises y actrices, un chileno, de nombre Flavio Labarca que fue su perdición. Ni el cine ni la televisión lograron redimirla. De ella solo quedó, al final, cuando no queda nada, el recuerdo de aquellos años pasados en los infiernos. Ni su matrimonio con Patxi Andión, ni sus películas, más de cuarenta, con Pilar Miró, Carlos Saura, Jaime Chávarri o León de Aranoa, ni sus ganas de superar la enfermedad que le iba comiendo terreno a la vida, ni el libro de su vida que era algo así como su propia esquela funeraria. Al final, solo ha quedado en la memoria de todos el juguete roto que fue.

Tanta belleza para nada, para que la frescura del rostro que enamoró al universo acabara prematuramente deteriorada y con la mirada triste y perdida en el infinito como buscando la luz que un día reinó sobre las sombras que la persiguieron inmisericordemente.

lunes, 28 de febrero de 2011

Gala dos Oscar 2011

«El discurso del rey», gran triunfadora dos Oscar 2011

A cinta británica El discurso del rey converteuse na gran triunfadora da 83.ª edición dos Oscar ao conseguir catro das doce estatuíñas ás que optaba. O filme británico levouse os premios á mellor película, mellor actor protagonista (Colin Firth), mellor dirección (Tom Hooper) e mellor guión orixinal (David Seidler).

Na outra cara da moeda queda La red social, gran triunfadora dos Globos de Ouro que viu como os premios clave foron a parar ao seu gran rival El discurso del rey. Valor de Ley, que se foi de baleiro a pesar de estar nomeada a dez premios, e 127 horas, que estaba nomeada a seis estatuíñas e tampouco se levou ningunha, tamén engrosaron a lista de decepcións da noite.

Tampouco tivo sorte o cine español, que non puido conseguir os dous premios aos que aspiraba pola cinta hispano-mexicana Biutiful de Gonzalo Fernández-Iñárritu e a actuación do seu protagonista Javier Bardem.
 
Origen, de Emma Thomas e Christopher Nolan, conseguiu o mesmo número de premios que a triunfadora británica, aínda que todos eles nas categorías técnicas. Así adxudicouse os de mellor fotografía (Wally Pfister), mellores efectos sonoros (Richard King), mellor son (Lora Hirschberg, Gary A. Rizzo e Ed Novick) e os mellores efectos visuais (Paul Franklin, Chris Corbould, Andrew Lockley y Peter Bebb).
 
La red social, de David Fincher, que foi galardonada nas categorías de mellor guión adaptado (Aaron Sorkin), mellor banda sonora orixinal (Trent Reznor e Atticus Ross) e mellor montaxe (Angus Wall y Kirk Baxter). A cinta sobre a creación de Facebook conseguiu só tres das oito estatuíñas ás que estaba nomeada,
e todas elas en categorías menores, converténdose nunha das perdedoras da noite.
 
Os premios de animación foron para Toy Story 3, de Lee Unkrich, como mellor película, e The lost thing, de Shaun Tan e Andrew Ruhermann, como mellor curtametraxe. Mentras, Alicia en el país de las maravillas gañou os de mellor dirección artística (Robert Stromberg y Karen OHara) e mellor vestiario (Colleen Atwood).

Pola súa parte El hombre lobo conseguiu a estatuíña á mellos maquillaxe (Rick Baker y Dave Elsey ) e Strangers no more posicionouse como a mellor curta-documental (Karen Goodman and Kirk Simon).



Derrota do cine en castelán
Bardem quedouse sen a preciada estatuíña á que aspiraba pola súa interpretación de Uxbal na cinta hispano-americana Biutiful, dirixida por Alejandro González-Iñárritu, que optaba ao Oscar á mellor película en lingua extranxeira, que finalmente se o levou a danesa In a better world, de Susane Bier.

Polo mesmo papel, o actor español foi galardoado este ano co premio Goya á mellor interpretación
masculina e estivo nomeado ao BAFTA na categoría de mellor actor, que finalmente tamén foi para Colin Firth.

Non obstante Bardem xa obtivo en 2007 o Oscar ao mellor actor de reparto polo filme No es país para viejos, dos irmáns Coen. Ademáis no ano 2000 foi nomeado como mellor actor en Antes de que anochezca, dirixida por Julian Schnabel.

Pola súa parte, Iñárritu, quedouse sen a estatuíña, catro anos despois da súa cinta Babel. En Biutiful narra a historia de Uxbal, un home en caída libre ligado á vida sobrenatural. É a terceira ocasión na que o realizador mexicano está nomeado e a terceira que se vai de baleiro.

Actores e actrices premiados
No apartado de intérpretes cumplíronse as expectativas estrictamente e os catro favoritos fixéronse
coas estatuíñas. Así, Colin Firth gañou o Oscar ao mellor actor protagonista pola súa actuación en El discurso del rey, arrebatándolle a estatuíña a Javier Bardem.

«Teño a sensación de que a miña carreira tocou teito», dixo Firth ao recoller o Oscar por un traballo no que tamén gañou o Globo de Ouro, o BAFTA e o premio do Sindicato de Actores, entre outros galardóns.

Mentres, Natalie Portman foi recoñecida como a mellor actriz protagonista polo seu papel en Cisne negro. «Realmente gustaríame compartir este premio co resto das actrices nomeadas», afirmou dende o escenario unha embarazada Portman.

Nos papeis secundarios, os dous intérpretes de The figter Christian Bale y Melissa Leo foron galardoados como mellor actor e actriz de reparto, respectivamente.


Penélope Cruz, estelar reaparición na gala dos Oscar xunto a Bardem

Non estaba nomeada pero era a máis esperada. Penélope Cruz resgresou á alfombra vermella por novena
vez para acompañar a Javier Bardem na súa gran noite.

É a terceira candidatura para o actor español que aínda que non partía como favorito amosouse emocionado á súa chegada, ao igual que o fixera dous días antes no seu encontro coa prensa acompañado de Alejandro González-Iñárritu cando confirmou que se gañaba adicaríalle o galardón á súa muller e ao seu fillo.

E a aparición de Penélope Cruz era causa da maior expectación porque é a primeira aparición pública da actriz (aínda que en dous ocasións anteriores a puideramos ver fotografada á saída de dous restaurantes dos Ánxeles) dende que deu a luz ao seu primeiro fillo, aínda de incógnito nome, o pasado 22 de xaneiro
no hospital Cedars-Sinaí de Beverly Hills.



A máis elegante dos últimos vinte anos de Red Carpet, título co que se alzou polo impresionante Versace rosa empolvado que levou en 2007, o ano da súa primeira nominación, non podía defraudar aos seus seguidores.

Ela, reina en cada unha das súas aparicións, máis que nunca o foi cun vestido en tons burdeos e prata de corte serea, cun promunciado escote de L’Wren Scott e xoias de Chopard valoradas nun millón de dólares. Penélope, que tivo unha recuperación récord, estaba espectacular tan só trinta e sete días despois de que fora mamá.

E aínda hai máis primeiras ocasións no listado desta parella de triunfadores veteranos xa nesta cerimonia que levan cinco anos alternándose nomeamentos e premios con empate técnico: tres candidaturas cada un. Javier Bardem dous en categoría principal, hai dez anos por Antes de que anochezca en 2001 e este ano por  Biutiful e unha no reparto de No es país para viejos en 2008 que lle validou a dourada estatuíña; Penélope, ao contrario, unha en principal por Volver en 2007 e dous en reparto por Vicky Cristina Barcelona, en 2009 cando conseguiu o Oscar, en el 2010 por Nine. Todo un record. E suma e segue.

É esta a terceira ocasión en que Penélope Cruz e Javier Bardem —ademais de nomeado presenta xunto ao seu bo amigo Josh Brolin os galardóns ao mellor guión orixinal e ao mellor guión adaptado— acoden como parella á cerimonia dos Oscar, pero a primeira na que pasearon xuntos e da man por unha alformbra vermella
dende que se reencontraron ás órdenes de Woody Allen no verán de hai casi catro anos. Nunca ata o de agora a parella, celosa da súa vida privada, deixárase fotografar abertamente, felices, sorrintes nun paseíño
de estrelas. E para porlle un «the end» de cine a esta esperada aparición, chega con dicir que é a primeira vez que Javier Bardem e Penélope Cruz acoden a un evento público dende que se casaron o pasado xullo nas Bahamas.

viernes, 25 de febrero de 2011

El valor del silencio

Imagínate un mundo donde no existe el móvil ni la televisión. No puedes usar el ordenador ni buscar el dial de la radio. El sonido de los coches o la gente hablando tampoco existen. Lo único que tienes ante ti es el silencio y este te va a acompañar toda tu vida. 

Así viven los monjes de la orden de los Cartujos, fundada por San Bruno de Colonia en el año 1084. Escondido entre los Alpes franceses se levanta la Gran Cartuja. En el interior habitan 19 monjes que eligieron el silencio absoluto como manera de encontrar a Dios. Al ingresar en la hermandad asumieron cinco votos: castidad, pobreza, obediencia, estabilidad en el monasterio y conversión de costumbres. A partir de este momento toda su vida quedó atrás.

Al entrar en la orden se rapan el pelo. Sólo tres ancianos llevan barba confirmando así su aspecto austero. Su vestimenta se compone de un hábito blanco con amplias mangas, y de escapulario, también blanco y de tela fuerte, con capucha y cinturón. Usan varios tipos de calzado dependiendo del tiempo y del trabajo que tengan que realizar: sandalias, botas de monte o deportivos. Y cuando trabajan, por encima de su habitual vestimenta, se colocan un delantal azul.

En su celda pasan solos 19 horas al día. Sólo un día a la semana pueden charlar y salir unas horas a pasear por los alrededores de la cartuja. Lo llaman el momento de esparcimiento.

Su celda, muy sencilla, dispone de una estufa de leña en el centro de la estancia, un camastro, una mesa y un armario. En la pared, en el centro, una figura de Jesús crucificado. En un lado de la alcoba está situado el lugar de oración. Su única ventana no les deja ver más paisaje que el azul del cielo. 

Para interrumpir su reflexión lo mínimo posible, los cartujos reciben diariamente la comida a través de una ranura situada en la pared que comunica con el claustro. Se dedican al estudio, al rezo individual y al reposo. En su silencio, los monjes son agricultores y artesanos y ayudan a familias pobres con la producción de su famoso licor: Elixir de la eterna juventud. La vida comunitaria, los oficios, las labores y el tiempo de esparcimiento conjunto interrumpe sabiamente el aislamiento. Los domingos y festivos comen todos juntos y tres veces al día se reúnen en la iglesia.

Fuera del monasterio la vida sigue. Llega el sol de verano, la caída de la hoja en otoño, el invierno con sus nevadas y por fin los colores de la primavera. Pero dentro de la Gran Cartuja el silencio es el único protagonista. Sólo a través del prior se enteran de lo que ocurre en el mundo. Las visitas están prohibidas excepto en el período de contemplación. Este se produce dos veces al año y en él los monjes pueden recibir a sus familiares.

Para ser un monje Cartujo se debe tener una vocación espiritual y una entrega a Dios muy fuertes. Piensan que en silencio se vive mejor.

No hacen falta los sentidos para conocer lo importante, sólo el silencio

jueves, 24 de febrero de 2011

Una vida dedicada a las letras


Si nos preguntaran quién es el autor de Cinco horas con Mario, de La sombra del ciprés es alargada o de El hereje, contestaríamos todos sin pensarlo dos veces. Y es que cuántas horas nos hemos pasado estudiando a Miguel Delibes y sus obras durante el bachillerato, sobre todo cuando teníamos esos exámenes de literatura contemporánea que tanto odiábamos. Sus novelas recogieron los últimos latidos del mundo rural castellano, con paisajes austeros pero llenos de matices, y con personajes tiernos y defectuosos, como los de verdad. Recuerdo que, aunque los críticos literarios destacaban especialmente La sombra del ciprés es alargada, mi profesora de literatura adoraba Cinco horas con Mario (1966) y, escuchando sus clases, me despertó tal interés que decidí leer la novela. Es un libro que me resultó bastante interesante sobre todo por su estructura desordenada. Que una mujer se pase toda la noche hablando con su marido ya muerto, me pareció un tema muy original para la época, y que sólo un autor como Delibes sería capaz de resolver de una forma tan brillante.

Miguel Delibes vendía anualmente cientos de miles de ejemplares porque fue un gran trabajador de la literatura que cautivó con sus historias a todos los españoles. Delibes tenía un aire distante, pero era muy emotivo. Su sensibilidad extremada se manifestaba en la incapacidad de asumir cualquier injusticia, sobre todo, ajena. Un buen amigo mío, Paco, y gran conocedor de la literatura de Delibes y de su persona, me contó una vez que el primer libro que leyó de este gran literario fue Las Ratas (1962), una novela que calificó de sórdida e innecesaria en un primer momento, pero que años después no sólo la comprendió, sino que se convirtió en una de sus novelas favoritas.

En El camino (1950), sin embargo, Delibes detalla de tal manera los escenarios en los que transcurre la acción que te los imaginas perfectamente. Me contó Paco que hace hablar a sus personajes con diálogos que nos parece escuchar, siempre dueño de una prosa inimitable, sonora, rítmica. La crítica siempre ha admirado en Delibes su capacidad para poner voces a sus personajes. Pero Paco también me dijo que había mucha tristeza en El camino, pero no era amarga, sino más bien de explicitación de esa angustia que genera el mero vivir y a la que toda persona intenta dar sentido. Para muchos esta es la mejor novela del escritor, que nos enseña a seguir adelante en el camino aunque este no nos guste. 

"Todo español tiene su Delibes favorito" me repite Paco constantemente, y él ya tiene el suyo: orientó su tesis doctoral hacia la obra periodística del novelista. Sabía que no era el primero ni el segundo ni el tercero al que se le ocurría escribir sobre Delibes, pero aún así se volcó totalmente en su nuevo proyecto. Miguel Delibes fue director y accionista del periódico El Norte de Castilla. Siempre reconoció que se hizo escritor en el periodismo. No resulta difícil comprobarlo en la evolución de su labor: desde su primera crónica hasta que se puso a escribir La sombra del ciprés es alargada pasaron apenas tres años, y sorprende menos el salto si se acompañan las muchas crónicas, artículos, críticas de cine y de libros que escribió en esos meses. En estos textos aparecerían ya las preocupaciones que Delibes tematizaría en sus obras: la infancia, el sentido del origen, la vocación, la muerte. Las ratas y Viejas historias de Castilla la Vieja nacieron de ficcionar lo que no podía noticiar en el periódico: la ruina y el empobrecimiento del mundo rural castellano.

Pero Delibes podría haberse dedicado al marketing, a dar conferencias, a dejarse ver, a cultivar su imagen de pionero del ecologismo. Sin embargo permaneció encerrado en Valladolid trabajando. El resultado es una obra amplísima y variada que cerró los años noventa con dos grandes novelas: Señora de rojo sobre fondo gris (1991) y El Hereje (1998), con la que ganó, a los 78 años, su segundo Premio Nacional de Literatura.

Desde este momento la salud de Miguel Delibes había empeorado. Padeció un cáncer de colon y su aspecto se había degradado. La cara se le había redondeado, y estaba más gordo y encogido. Paco, que era amigo de Delibes, lo telefoneó al atardecer del 19 de octubre de 2008 y me contó que don Miguel, le hablaba con la ternura, la emoción y las palabras de quien sabía que no se verían más. Y así fue, el gran novelista español murió apenas dos años después.